El rechazo de la iniciativa "No a una Suiza de 10 millones" supuso una gran victoria para la sociedad civil y los sindicatos. Sin embargo, no podemos dormirnos en los laureles: la campaña contribuyó a normalizar aún más los discursos racistas. El 26 de septiembre de 2026, en la manifestación nacional «Entre nosotros no hay fronteras», que tendrá lugar en la Plaza Federal de Berna, exigiremos un giro hacia una política de migración verdaderamente digna.
Aunque la iniciativa fue rechazada, la retórica xenófoba se ha instalado en el discurso dominante. La derecha política utiliza estos debates de manera estratégica para fracturar la solidaridad social y debilitar los derechos de las personas migrantes que viven en condiciones precarias. Con la próxima iniciativa de protección fronteriza y la prevista adopción del reglamento europeo sobre el procedimiento fronterizo de retorno, ya se están preparando nuevos ataques.
Estas campañas permanentes están erosionando derechos conquistados con gran esfuerzo. Esto afecta al núcleo mismo de la labor sindical: los ataques contra las personas migrantes son, siempre, ataques contra los derechos de todas las trabajadoras y trabajadores. Cuando un grupo de empleados es despojado de sus derechos, se debilita la posición de toda la clase trabajadora.
La estrecha relación entre política de migración y las luchas sindicales se evidencia especialmente en el actual sistema de permisos de residencia. Mientras las personas ciudadanas de la UE disfrutan de mayor estabilidad, quienes provienen de terceros países dependen, a menudo, de permisos anuales vinculados a un contrato de trabajo fijo. Esta inseguridad administrativa genera un enorme desequilibrio de poder. Muchas personas afectadas sufren injusticias en las jerarquías empresariales, pero no se atreven a defenderse ni a afiliarse a un sindicato por miedo a perder su permiso. Por ello, la lucha por permisos de residencia estables es, desde siempre, una de las tareas fundamentales dentro de la política sindical.
Cyprien Baba sabe por experiencia propia lo palpable que se ha vuelto el racismo en la vida cotidiana. El sindicalista, originario de Costa de Marfil, llegó a Suiza en 2009 y participa activamente en el Consejo general de Le Locle. Como persona perteneciente a una “minoría visible”, constata: «Las expresiones y comportamientos racistas se consideran cada vez más normales y se manifiestan sin inhibiciones».
El Unia apoya expresamente la manifestación y hace un llamamiento a todas las personas solidarias, así como a todos sus afiliados y afiliadas, para que participen: ¡Por la defensa de los derechos humanos y la dignidad de las personas migrantes! La gran manifestación pretende tender puentes entre las luchas humanitarias, ecológicas y sindicales.
El movimiento plantea las siguientes reivindicaciones:
¡El 26 de septiembre hay que lanzar una señal contundente a favor de una Suiza solidaria!
Más información en: https://unia.ch/de/aktuell/events/detail/a/24674