Desde hace más de diez años, Christine Michel trabaja en el Unia en el ámbito de la seguridad laboral y la protección de la salud. En comisiones especializadas, soluciones sectoriales y cursos de formación continua, aboga por la prevención, la protección contra las enfermedades profesionales y la lucha contra el aumento del estrés en el lugar de trabajo. En esta entrevista habla sobre la responsabilidad, las lagunas en la prevención y por qué unas condiciones de trabajo saludables no son un privilegio, sino un derecho.
Las consultas que recibe el Unia suelen referirse a condiciones laborales inseguras que muchas trabajadoras y trabajadores conocen: falta de ropa de protección o ropa de protección inadecuada, máquinas peligrosas, trabajo bajo presión horaria, o bien, sin una formación adecuada. En mi trabajo diario, doy mucha importancia a que no se descuiden los temas relacionados con la protección de la salud. Se trata, en particular, de la protección contra el agotamiento o burnout, contra productos químicos peligrosos, así como, de una mejor protección en caso de maternidad.
Uno de los principales puntos débiles es que, con demasiada frecuencia, la seguridad solo se toma en serio cuando ya se ha producido un accidente. Sin embargo, muchos de estos sucesos podrían prevenirse. Afortunadamente, en los últimos años se ha logrado reducir el número de accidentes en numerosos sectores. No obstante, uno de los retos más importantes sigue siendo la identificación de nuevos riesgos, como los derivados del cambio climático, en particular el aumento de las olas de calor. En este contexto, exigimos la suspensión del trabajo al aire libre cuando se superen los 33 grados. Al mismo tiempo, es imprescindible adoptar medidas en sectores que están menos en el foco de atención, como la sanidad y la hostelería. Se trata de ámbitos con una elevada presencia de mujeres y con exigencias físicas y psicológicas muy altas, pero que resultan menos visibles al no generar accidentes laborales espectaculares. Precisamente por ello, reclamamos que se aumenten los recursos destinados a las inspecciones de trabajo en el sector servicios. Ello, con el objetivo de fortalecer las campañas de prevención e incrementar el número de inspecciones en los diferentes ramos profesionales del sector servicios.
En general, los riesgos se subestiman. Los empleadores tienen la obligación de conocer los peligros a los que están expuestas las personas empleadas y de instruirlas de manera adecuada. En este ámbito, Suiza suele quedarse rezagada. La improvisación nunca es una solución.Además, raras veces se respeta el derecho del personal a participar en las decisiones. Las y los trabajadores son quienes mejor conocen la realidad sobre el terreno, pero con frecuencia sus advertencias no son escuchadas. Desde la perspectiva del Unia, el mensaje es claro: la prevención solo funciona cuando las y los empleados pueden expresar sin miedo lo que no es seguro y cuando los empleadores asumen seriamente su responsabilidad.
El tema del amianto ha estado muy presente durante todos estos años. Cuando empecé a trabajar, acababa de crearse el fondo de indemnización para las víctimas del amianto y sus familiares, un hito logrado gracias al gran compromiso del antiguo copresidente Vasco Pedrina. Gracias a este fondo, las personas que no contaban con un seguro de accidentes pueden recibir una indemnización, y todas las personas afectadas tienen además acceso a apoyo psicológico. Lamentablemente, las enfermedades relacionadas con el amianto siguen siendo una realidad, en gran parte debido a la actual ola de rehabilitaciones. Aunque el amianto está prohibido desde 1990, todos los edificios construidos antes de esa fecha pueden contenerlo. Por ello, sigue siendo fundamental que todas las partes implicadas —y especialmente las y los trabajadores afectados— estén bien informadas e instruidas. La presencia de amianto debe determinarse siempre antes de iniciar las obras, y los trabajos de mayor envergadura deben ser realizados exclusivamente por empresas de saneamiento especializadas.
Este tema es de gran importancia para nuestras afiliadas y afiliados. El estrés, la presión sobre el ritmo de trabajo y el acoso laboral son cuestiones que les preocupan. Uno de los grandes retos es que los empleadores comprendan que lo más importante es planificar y organizar mejor el trabajo, y que ellos son los responsables de ello.
La salud en el lugar de trabajo es uno de los temas centrales de los sindicatos. Cuando la defendemos, logramos, junto con nuestras afiliadas y afiliados, mejoras concretas en la vida laboral cotidiana que merecen la pena. A las y los trabajadores les digo: tenéis derechos, ¡hacedlos valer! Nadie debe poner en peligro su salud por culpa del trabajo.