La manifestación nacional «Entre nosotros no hay fronteras» tendrá lugar el 26 de septiembre de 2026 en la Plaza Federal de Berna. Reunirá a personas, tanto de origen migrante como sin él, sindicatos, asociaciones y organizaciones de la sociedad civil para defender los derechos humanos, la solidaridad y una política de migración digna. Cyprien Baba explica, de cara a la manifestación, las razones que le mueven a participar en la misma.
La participación en la manifestación del 26 de septiembre de 2026 en la Plaza Federal de Berna me infunde nuevas esperanzas. Cuando seguimos las noticias internacionales, a menudo nos indignan las declaraciones llenas de odio y racistas, así como las imágenes deshumanizadoras con las que se demoniza a las personas de origen migrante. Me alegra especialmente constatar que todavía hay organizaciones que se mantienen firmes y luchadoras y transmiten un mensaje diferente: organizaciones que sitúan el respeto por los derechos humanos y la dignidad de cada persona en el centro de sus preocupaciones.
Existe una verdadera coincidencia entre las principales reivindicaciones del movimiento migratorio y las luchas sindicales por la mejora de las condiciones laborales y de vida. Tomemos, por ejemplo, la reivindicación de un régimen de residencia seguro para las personas migrantes, mediante la concesión de permisos de residencia estables, con el fin de evitar la incertidumbre administrativa y la precariedad. En Suiza, debido al actual sistema de permisos de residencia, no todas las personas migrantes gozan de la misma igualdad administrativa. Tomemos como ejemplo el permiso B con derecho a trabajar.
Para las personas procedentes de la Unión Europea y de la AELC, este permiso suele tener una validez de cinco años y puede prorrogarse bajo determinadas condiciones. En el caso de las personas procedentes de terceros países (fuera de la UE/AELC), suele prorrogarse anualmente y está sujeto a condiciones estrictas, en particular a la existencia de un contrato de trabajo. Esta situación supone, en ocasiones, un obstáculo para que algunos trabajadores y trabajadoras de origen migrante se afilien a un sindicato. Estas personas suelen verse afectadas por injusticias o decisiones arbitrarias, pero no se atreven a reclamar sus derechos porque desean conservar su permiso de residencia para garantizar el sustento de su familia.
Otro aspecto importante es la lucha contra la discriminación, especialmente en lo que respecta al acceso al mercado laboral. Por eso, como sindicato, también abogamos por el reconocimiento de los títulos profesionales extranjeros y por una mayor participación política de las personas de origen migrante.
Llevo 17 años viviendo en Suiza. He tenido la oportunidad de participar activamente en la vida política de mi municipio y colaboro con el sindicato Unia. A través de mis diversas actividades, conozco a personas de los más diversos orígenes y con diferentes puntos de vista. Como persona que —como me gusta decir— pertenece a una «minoría visible», puedo dar fe de cómo ciertos comentarios y comportamientos racistas y xenófobos se consideran cada vez más normales y se expresan sin ningún tipo de inhibición. Yo mismo he vivido una situación especialmente impactante. Hace unos años, hacia las 18:00 horas, un vecino cortó deliberadamente el suministro de agua de nuestro edificio sin informarnos. Cuando me di cuenta de que ya no salía agua en mi casa, bajé al sótano para volver a abrir el grifo y que mi hija pudiera ducharse. Unos minutos más tarde, alguien llamó al timbre de mi puerta. Al abrir, me sorprendió encontrarme ante mí a dos policías a los que había llamado ese vecino. Sin siquiera intentar escuchar mi versión de los hechos, uno de los policías empezó a gritarme y dijo: «Aquí no estamos en África». Dejo a su imaginación que se figure la consternación que esta afirmación provocó en toda mi familia.
Para mí, participar en esta manifestación es un deber: el deber de seguir defendiendo los derechos humanos en general y, hoy en particular, la dignidad de las personas de origen migrante. También supone una oportunidad para expresar mi solidaridad con todas aquellas personas que atraviesan momentos difíciles y, en ocasiones, viven situaciones traumáticas.
Creo que es fundamental una mayor humanización de la política de migración suiza y que se garantice mejor el respeto por la dignidad y los derechos fundamentales de las personas migrantes y de las personas demandantes de asilo.
Cyprien Baba, originario de Costa de Marfin, nació en 1965. En mayo de 2009 llegó a Suiza en el marco de la reagrupación familiar, concretamente al municipio de Le Locle. Debido a su pasado político, se involucró de inmediato en el ámbito asociativo.
Desde 2016 es miembro del Consejo General de su municipio y participa activamente en el sindicato Unia como copresidente de la Comisión de Migración y miembro del Comité Central del Unia.